Cuando el orador se apoya en la fuerza de su oponente


La corte de la emperatriz romana Justina fue famosa por su frivolidad e injusticias. Sólo el obispo de Milán, San Ambrosio, era capaz de hacerle frente gracias a su elocuencia. En esta escena vemos cómo la emperatriz se ve obligada a atender la solicitud de San Ambrosio, al utilizar éste el propio argumento de la emperatriz.